A veces pienso que Noé y su familia debieron haberse tira'o del arca.
Pienso que las abejas tienen algo de musulmanas, kamikaces, suicidas en honor a Pachamama.
Que paradójicamente los uniformes de las cárceles parecen pijamas
aunque los reos son libres cuando están soñando.
Y el que nosotros no estemos presos no significa que seamos libres.
No siempre son visibles los barrotes.
Creo. Reo. Oré. Cero.
Y vale recalcar que pa' soñar no hace falta estar dormi’o, solo hay que estar vivo.
También vale recalcar que pa' estar muerto no hay que estar enterra'o,
ni quema'o, ni para'o, ni senta’o, ni crucifica'o, ni ahorca'o,
casi siempre engabana’o, pero tampoco, pero sucede.
Los sueños de los dormidos son un tanto distintos a los de los despiertos.
También existen las pesadillas.
Así como las revueltas y los que buscan petróleo merodean los mismos desiertos,
de Pachamama, cuya vestidura de hermosura es rasgada vilmente por zombies somnolientos que,
como mínimo, deberían estar presos.
Ven, ya me estoy durmiendo. ¡Pellízquenme!
Es parte del mismo proceso gritar y dar besos. Cantazo y abrazo riman.
Pónganme el pie si mi misión es la cima. ¡Senténcienme si profano la tarima!
¡No, por favor, no me metan preso! ¡Juro que despertaré tras el pellizco!
Pues, si soy malvavisco ante el fogón
y mi piel se va ennegreciendo a la vez que se me calienta el corazón
mientras que lo que me cocina y me sostiene es lo mismo.
¿Oreo?
Si me quema no come, y si me come antes de tiempo no disfruta al máximo el sabor.
Dialéctica dietética.
Date una pizca, que es como un pellizco