Voy a hacer un party,
pues seguimos en los tiempos de las tres B:
baile, birras y briscas, bingo, buru-buru-burundanga y etcétera.
Lo que sí es que en las cervezas voy a meter Aderall,
a la vez que voy sonando Hip-Hop revolucionario y un poco de Nueva Trova;
voy subiendo la luz pa’ que se miren las caras, los labios, los ojos;
y observen que son los mismos.
Intentaré que rían, que canten, y que bailen en las calles, así complaceré también a Danny,
pero no mucho, pues si ya estamos ‘en la brea’, como dicen por ahí,
que un día fue tierra, y aunque no se cuán positivo haya sido ese cambio,
al menos, si andamos, lo convertimos en camino y eso es lo importante.
Lo imprescindible.
Y Calle Conciencia será pintada nuevamente y significará lo mismo.
Provocarte el enterarte que eres parte y baluarte de este pueblo
y con él rebelarte, revolucionarte, amarte.
Y pisaremos los adoquines nuevamente, pero el bullicio de la San Sebastián gritará más a coro, y estará armado, al menos de palabras, de conocimiento.
Y pisaremos por las calles del Viejo San Juan, incluyendo la del Cristo.
Y al llegar a la Fortaleza crucificaremos los tiranos, pero al revés, patas arriba,
Pa’ que lo último que piensen lo piensen desde abajo.
La Era pare, le seco el sudor, le doy la mano y entre la suya y la mía hacemos un solo puño.
Los dirigibles no me gustan. Están muy altos, nos distraen, se mueven lento.
Prefiero que la moda de las alturas de los hombros sugiera el tope.
Que el llanto sea alegre, las sonrisas ruidosas, los gritos libertadores, su eco revolucionario, que las manos construyan y los pies caminen, hacia el horizonte,
Y si este se mueve, seguimos caminando,
Pues ya lo dijo Galeano, que para eso sirve la utopía, para caminar.