I. Estoy pendiente al encabezado:
PUERTO RICO GANA ALGO EN COMPETENCIAS DE CATACLISMO
REALIZAN INCREIBLES MAROMETAAS
HICIERON UN EMPATE Y SE RECUPERARON
Estoy pendiente al opinólogo de turno que celebre:
supimos aprovecharnos,
hicimos más con menos,
de tripas, corazones.
Pero no hace noticia que en el archipiélago el plan médico tampoco cubre la gastrocardiología y ante la crisis de salud mental, lo que están recomendando son chistes mongos.
Yo estoy pendiente, porque me sospecho que tirarán un comunicado, como que la catástrofe repetía tras y tras y tras y tras...
no está detrás de este desastre.
Que es catarsis, no atrofio.
Un chance lúcido al cuerpo en catatonia
Estoy pendiente a la insinuación de que este colapso
es un caso fortuito que aparece en el tiempo
para dar lecciones de ímpetu
y hacer pruebas y rastreo, de fe y paciencia
a pesar de la longitud del letargo
diasportado hacia tantas latitudes
pero anclado en esta zona de oportunidad prometida,
mientras otro titular entre el agobio vuelve y dice:
EN UN HECHO SIN PRECEDENTES
II. Algo estará por verse
mientras entre estas catástrofes largas
como armas, largas
como la vista, larga
hecha a esa medida, distanciada.
Mientras aquí, nos siguen dando bandazos
desde la tarde aquella que del mar de las tinieblas naufragó una espada y nos hirió por los costados.
Desde los tiempos de las guácaras, cuando esas ceibas majestuosas en raíces vivían su juventud y sus espinas, y no sabían de verjas, de hollín, ni el ruido del expreso.
Y nosotres no sabíamos, no seríamos, ¿somos?
la paciencia del paciente
la resiliencia colonial
la resistencia que repecha por las grietas del concreto, instinto de supervivencia que insiste y permanece
-porque lo último que se pierde, compi, es la esperanza-
la de pobre
que emana de esta tierra acaudalada,
y sus ojos aguados que no sufren de miopía
y se agranda como un río y se alarga en nuestro espíritu
todas las veces que necesitemos no ser los mismos.
III. ¿Habrá sido que el mar asomado nos provocó la práctica inconsciente de aguantar sin respirar lo más que se pudiera?
¿Habrá rastro cuando baje la marea, de que nos mantuvo a pulmón la institucionalización del asfixie?
O habrá que darse al idioma de las rocas y los árboles
para pedirle entrevistas al yagrumo, los guayacanes o los almácigos…
-señalarle la barbilla con una grabadora-
para buscarnos en sus memorias de cuando aún eran semilla viajando en las tripas de algún ave, migrando con el bosque. Antes de ser hoja, corteza o raíces tabulares…
Y jugar a ser exégetas del monte
y revisar
cómo haremos para a la larga
hacer de la vida la cordillera,
o sea, ponerla al centro.